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El cazador que no era

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El cazador que no era

Mensaje por Lucheitor el Jue Ene 08, 2015 7:50 am

Bien esto sucedió hace algunos años, el tema salió de una charla con mis sobrinos, viejos recuerdos que dejan enseñanza. Al comenzar la charla uno de mis sobrinos dijo  recuerdan a “El cazador que no era”

Tenemos un lugar donde hacemos tiro practico, tiro en movimiento y calibramos las armas… se podría decir “un polígono “Vamos a practicar regularmente después de cada practica se limpia el lugar y las armas, una sana costumbre. El lugar está bien acondicionado.
Un fin de semana fuimos a practicar, al llegar encontramos varias vainas servidas de munición de alto calibre, al revisar con más cuidado también encontramos huellas de botas y de un móvil.
Nos quedamos y realizamos la práctica de costumbre, con cierto nerviosismo, cada tanto alguno de nosotros miraba el rededor o hacia un paneo con los binoculares. Al fine siguiente nos fuimos el viernes por la noche y acampamos cerca, durante la semana se tejieron miles de hipótesis.
Durante la noche mis sobrinos por iniciativa de ellos realizaron guardias con los perros, turnos de hora y media.  Al día siguiente, como de costumbre nos levantamos temprano preparamos el desayuno  con charlas bastante animadas,  nuevamente por iniciativa de ellos organizaron patrullas hasta una montaña desde donde se ve “el sitio” (así lo llamamos) aproximadamente a las 10 de la mañana se oyeron estampidos provenientes del sitio de práctica, los que estaban de guardia nos avisaron por radio, los datos que obtuvimos fueron: un hombre en una camioneta, fusil con mira. Nos preparamos y marchamos. No estábamos lejos llegamos en no más de 10 minutos, a buen paso.  Nos acercamos en silencio  desde atrás y nos quedamos a unos 10 metros, no se percató de que estábamos por un buen rato. Estaba disparando concentrado en los blancos y con buena puntería, vació el cargador y cuando recargaba nos observó. No pareció sorprenderse, nos saludó cordialmente. Pregunto si éramos de por aquí, a lo que uno de mis sobrinos respondió: si, este lugar es nuestro. Interrumpí, me presente, y le explique la situación, se disculpó, no me pareció un mal tipo, hablamos por un rato
Media más o menos 1,75 metros, calvo con barba bastante robusto, luego supe que practicaba artes marciales y era contador.
Me pregunto si podía ir a realizar sus prácticas, le respondí que le avisaría. Me pasó su número telefónico y se retiró. Luego nos juntamos a tomar un café, me cayó bien. Según el sabia disparar bien cosa que era cierta y que era buen cazador cosa que no dude, unos días después  lo invite a cazar.
Un fin de semana aproximadamente un mes después salimos de cacería,  éramos 5, el, 3 de mis sobrinos, los mayores y yo. Llegamos al coto de caza por la mañana, rastreamos y nada, alrededor del mediodía encontramos unas huellas, las seguimos por la tarde encontramos una presa. Para cazar hace falta un permiso del consejo agrario y autorización del coto de caza, del dueño. Tenemos todo eso.
Bien decidimos que dispararía el nuevo, se posiciono a unos 700 metros, dijo que le dispararía a la cabeza, para que no sufra, lo controle con mi mira, fue un tiro perfecto, directo a la cabeza, el animal se desplomo al instante. Se llevó las felicitaciones de todos. Mis sobrinos se dirigieron a la presa y  la cuidaron  los mayores fuimos por la camioneta y nos dirigimos al lugar de encuentro.

Aquí está el punto.

Al llegar bajamos, prepare la caja, colocas unas bolsas de plástico grande abiertas para no ensuciar la camioneta y…  bueno, si es tu presa la cargas y la colocas en la caja de la camioneta. Saben que… el hombretón, grande, fornido con la cabeza afeitada y barba. No la quiso levantar… no la quería tocar, a la presa. No comprendí bien supuse que quizás estaba lastimado pero no parecía, la cargue yo. El viaje de regreso fue en silencio, solo cuchichiaban mis sobrinos. Llegamos a un cobertor, bueno lo de siempre bajar la presa y prepararla. El hombretón tenía un cuchillo grande y de marca. Prepárala, le dije, me miro fijo y estaba pálido. Hay que abrir el animal y sacarle las vísceras y si quieres adelantar quitarle el cuero. En ese momento no comprendía que sucedía, me avía dicho que era un cazador y lo vi disparar desde muy lejos y acertar. Mis sobrinos prepararon la presa, lo ataron por las patas y lo levantaron  generalmente lo abren sobre la mesada o en el en el suelo, sus caras eran más bien de picardía, el menor lo abrió y dejo caer la bolsa que contiene las vísceras (las vísceras pueden contener la bacteria E. Coli te podes enfermar además si rompes la bolsa le podes dejar más sabor al resto de la carne.) En ese momento el hombretón rudo volvió el estómago y se le aflojaron las piernas. Mis sobrinos rieron a carcajadas y yo por más que intente no hacerlo se me dibujo una sonrisa en la cara, lo tome del brazo y de mi cantimplora le di agua y le eche un poco en la cabeza y en el cuello, humedecí su pañuelo y lo coloque sobre su nuca...  mis sobrinos terminaron el trabajo guardaron la piel en una bolsa la carne en otra y a las vísceras se las dejaron para los caranchos (buitres)
El viaje de regreso fue más silencioso todavía, mis sobrinos hicieron algunos comentarios que corte con miradas a través del espejo retrovisor. Se quedó en su casa no bajo ni el cuero ni la carne.
No lo vi más, lo llame unos días después y no atendió el celular…
Moraleja… Ustedes pueden colocar la moraleja de esta historia basada en hechos reales.
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